
Varios temas vienen a mi mente estos días. Generalmente, la mente se llena de basura día y noche, pero sólo notamos la importancia de esa basura cuando no tenemos nada más que hacer que mirar al techo y comprender lo infinitamente pequeños que somos. Me encontraba en medio de ese sopor, cuando diversos pensamientos inundaron mi mente.
¿Somos egoístas? Lo somos, nuestro bien fundamental somos nosotros mismos y siempre veremos la mierda en el ojo ajeno antes que realizar la autocrítica de rigor. El mundo siempre será injusto en tanto no podamos estar en un estado de bonanza. Todo estará mal, en tanto las cosas bien no te lleguen.
Si somos egoístas, ¿Cómo nos pueden preocupar las otras personas? En tanto las otras personas tengan intereses o temas que afecten nuestra propia pauta de necesidades psicobiológicas, ellos serán importantes, necesarios, imprescindibles. Por lo mismo, es que las personas somos desechables, en tanto nos volvamos inútiles, cuando hayamos cumplido nuestro fin en la vida de las personas y, lamentablemente, siempre nos queda a alguien para quienes somos importantes, pero que con el peso de las circunstancias difícilmente podemos contestar: nosotros mismos.
Si sólo tenemos ojos utilitariamente para otros, ¿Qué nos queda? Las reglas del juego son claras, vive y deja vivir; vive por y para tí; vive de los otros por tí. La gente que en algún momento te pudo necesitar, siempre puede cambiar de opinión y desecharte de la noche a la mañana, cambiarte por algo o alguien mejor, ignorarte y pensar sólo en sí, porque a fin de cuentas para eso estamos hechos.
Si nada nos queda, ¿Qué es el amor? Es la expresión máxima de eso, una necesidad urgente, pero a fin de cuentas finita. En algunos casos puede durar hasta la muerte, en otros es mucho más corta y simplemente puedes ser necesario para alguien que no va a dudar ningún segundo en abandonarte si ya eres un inútil. Pero no se puede culpar a nadie de ello, básicamente porque la gente cambia, el mundo cambia y uno mismo cambia.
Todos cambiamos y eventualmente nuestras necesidades también. Principalmente nuestros intereses, y algo divertido se puede volver obsoleto y odioso, todo cambia, y básicamente vuelve a lo mismo después de un interminable ciclo de cambios. ¿Es contradictorio, no? De todas maneras siempre habrá alguien que nos diga que estamos predispuestos a sufrir. Es lógico, quien no mira, no ve. Alguien sin los ojos con los que uno ve, sólo verá lo que pueda ver. No ponernos en la posición del otro es otra de las señales de nuestra naturaleza humana de egoísmo. Sólo somos lo que queremos ser, y en algunos casos queremos ser ciegos, para que los otros ciegos no nos repelan.
¿Somos capaces de ser sinceros? Si, y no. Lo somos en la medida de que verdaderamente dependa de nuestras necesidades egoístas. No lo somos en la medida de que verdaderamente dependa de nuestras necesidades egoístas. Si te fijas, la sinceridad está atada al ego, al ser, a la mente y al corazón. Pero no a la cursilería del corazón postromanticista. Más bien a pensar que el corazón es un músculo, debe seguir latiendo, bombeando en nuestro interior, y que pese a que tenemos consciencia, no distamos mucho de una gran máquina.
¿Cómo encontrar paz en medio del dolor? No se puede, encontrar la paz es un trabajo arduo que requiere de una introsprección profunda, de dejar la autocontemplación, la automiseria y el propio engaño. Sólo debemos aceptar el engaño que nos propone la sociedad. Gente que crea que disfruta y que viva la bonanza que tiene hoy. Me alegro por ellos, les deseo que se prolongue bastante.
Entonces ¿qué estamos buscando? No tengo idea, por ahora busco dejar de mirar al techo, conformarme conmigo mismo, una sábana, un cojín y pensar que alguna vez fui necesario para alguien.
