
Cuando tres gatos negros se cruzan en tu camino, sin duda será un mal día. Fuera de cualquier tipo de superstición absurda, el hecho de que fueran tres ya dejaba de ser coincidencia y pasaba a ser algo preocupante. Eso pensaba Giz, cuando pretendía cruzar la calle de Xinex por la tarde y el sol parecía ocultarse tímidamente con mucha más premura que otros días. Ya eran las 5 de la tarde y prácticamente estaba todo oscuro como boca de lobo; Giz tarareaba una canción de cuna, mientras meditaba cautelosamente si cruzar o no la calle.
Los gatos desaparecieron tan rápido como aparecieron, sin embargo la calle que cruzaba el joven Giz estaba vacía, no sugería un peligro inminente, por lo que éste cruzó a pesar de sus temores infundados. Una gota, cayendo sobre la nariz del moreno muchacho, anunciaba la lluvia; una lluvia que no había sido pronosticada y que Giz consideraba como otra señal de su incierto destino...
- Carajo, todo mal hoy; primero tres gatos negros y ahora lluvia... ¿que vendrá después?
Al llegar al otro lado, la lluvia aumentaba en peso, cayendo de forma cruda y constante... era una lluvia pesada y dura, que parecía abofetear. Repentinamente, la cabeza de Giz comenzó a sangrar. No eran cientos de gotas de agua, sino miles de agujas cayendo verticalmente sobre la cabeza de Giz. El muchacho corrió con todas sus fuerzas, protegiéndose de la lluvia de agujas que caía en esa tarde oscura y destinada a ser trágica. El sol desapareció totalmente, y en este mundo no había luna, así que nada de luz, solo penumbra para sombra y sombra para oscuridad.
El techo que cobijaba a Giz no era techo.
Los gatos desaparecieron tan rápido como aparecieron, sin embargo la calle que cruzaba el joven Giz estaba vacía, no sugería un peligro inminente, por lo que éste cruzó a pesar de sus temores infundados. Una gota, cayendo sobre la nariz del moreno muchacho, anunciaba la lluvia; una lluvia que no había sido pronosticada y que Giz consideraba como otra señal de su incierto destino...
- Carajo, todo mal hoy; primero tres gatos negros y ahora lluvia... ¿que vendrá después?
Al llegar al otro lado, la lluvia aumentaba en peso, cayendo de forma cruda y constante... era una lluvia pesada y dura, que parecía abofetear. Repentinamente, la cabeza de Giz comenzó a sangrar. No eran cientos de gotas de agua, sino miles de agujas cayendo verticalmente sobre la cabeza de Giz. El muchacho corrió con todas sus fuerzas, protegiéndose de la lluvia de agujas que caía en esa tarde oscura y destinada a ser trágica. El sol desapareció totalmente, y en este mundo no había luna, así que nada de luz, solo penumbra para sombra y sombra para oscuridad.
El techo que cobijaba a Giz no era techo.
1 comentario:
lo de los 300 soldados lo comentaré mañana. mientras, te puedo decir que ojala nunca me tope contigo te encuentro un tipo un tanto extraño
eso saludos y visita mi blog
decimosloquesabes.blogspot.com
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