¿Realmente lo necesitas? - preguntó ella. Así fue como nos conocimos en verdad. Era un día de lluvia, como esos que me gustan; con el cielo oscurecido por nubes grises, las calles como espejos de plata reflejando los transeúntes y los buses escasos, pero oportunos. Me miraba con una cara de incredulidad, como si no estuviese segura de mis propias necesidades, como si no pensase que alguien más lo quisiera, como si no hubiese ninguna chance de que existiese alguien más así en el mundo.Me quede callado un rato, pensando la respuesta. Ciertamente lo quería, pero tampoco deseaba que pensase estaba desesperado. Carraspeé un poco, no sería extraño; estaba frío y perfectamente podría estar algo congestionado. La mire a los ojos y con una sonrisa respondí - Si, claro, buscaba algo como eso... ¿acaso es muy extraño?
Al parecer fue la respuesta correcta, porque su cara se iluminó como si le hubiesen dicho el mejor cumplido. Movió la correa de su bolso de forma de dejarlo frente a ella y revolvió su contenido. Por un segundo pensé que sacaría un revólver y me diría algo como - ¡¡Ahora es tiempo de morir, perra!! - pero siempre me imagino ese tipo de cosas raras; mi imaginación es algo volátil y, a veces, inoportuna. Parecía que había un montón de cosas en su pequeña cartera que pese a su engañoso tamaño, seguro debía tener un espacio extradimensional en su interior... ya había experimentado con mi madre el poder espacial de un bolso de chica.
Sacó el cuadernito. Se veía bastante ajado, con algunas tiras de papel deslizándose fuera de sus tapas. Tenia un montón de rayas y garabatos marcando unas tapas de cartón corrugado; algunos dibujos, y manchas de café. Era tal como me lo esperaba.
**********************************
La historia de cómo llegué a este lugar es básicamente un misterio, pero me gustaba leer lo que escribía esa niña. Siempre pensé que con las cosas que escribía, debía tener una croquera bastante chula, y así lo era. En algún momento el diario mural del colegio se empezó a llenar de cuentos que solo yo parecía leer. Averiguar de quien eran fue un poco difícil; más tratando ella de esconderse, pero valió la pena. Después de poner yo mismo un cuento empezamos a comunicarnos a través de ese diario mural.
Era lo más extraño que había hecho hasta ese entonces, pero a nadie le interesaba. Un diario mural en medio del colegio era solo un espacio que nadie hoy en día leía. Un día me dijo juntémonos en la biblioteca, y ahí la conocí. O volví a conocer. Ya la había visto muchas veces antes, deambulando por los pasillos de la biblioteca, cuando había ido a sacar los comics que me gustaban, pero siempre pensé que una persona así no querría acercarse a nadie... y tenía razón.
Con algo de disgusto me miró y exclamó - ¡¿Qué clase de broma es ésta?! - casi bufando sobre mi, al darse cuenta de la obviedad que yo fuese, en aquel momento el único en la biblioteca, cuando ella esperaba al chico con el que se comunicaba a través del diario mural. - No es ninguna broma - dije - yo soy quien escribía - agregué. No estaba faltando a la verdad, pero sentía que había algo que no encajaba. Lógicamente lo entendí luego, cuando me dejó otro pedacito de papel como los que colocaba en el diario mural, y se marchó rauda de donde estábamos.
El papel tenía un lindo cuento sobre un día de lluvia, un chico caminando bajo ésta y una niña esperándolo. La niña le entregaba el cuaderno en el cual escribía cuentos, y mundos, y sueños. El niño lo recibía con una sonrisa, como si fuese la cosa más linda del mundo. Lo entendí perfectamente. Al día siguiente hubo sol. Y al siguiente, y al siguiente. Y así fue por varias semanas hasta que un día se nubló. Me alegré para mis adentros, me encantan los días así. Me fui a acostar mientras escuchaba la lluvia caer y cerré los ojos, sabía lo que tenía que hacer al día siguiente.
Mañana, quizás, me tocaría escribir el cuento a mi.
