
Queda aproximadamente una hora para que esté dando un examen... no tengo idea de sus contenidos, sólo se que no estoy lo suficientemente preparado. Tipeo frenéticamente el computador frente mí, sobre la mesa de un color café claro, gastado, como de un barniz muy viejo, con rayones que se impregnan hasta la misma mesa, cortando la madera. Mucho más adelante, un trío de carteras yace... no tengo idea que tendrán adentro.
La música del entorno es suave, melodiosa, impregna el lugar de una falsa calma; aquella calma que no tengo y que no tendré. Aproximadamente 7 personas giran entorno a mí, o eso parece... son solo motas difusas que caminan y hacen sus vidas, tan aisladas de la mía, tan lejanas que no alcanzan a topar con mi vida cansada y alborotada.
Todo parece tan quieto que da miedo, y sin embargo continúa en movimiento, porque todo se mueve. El tipo que tiene el computador con la música tranquila, parece disfrutar de algo que lee en el monitor de su PC... el aire... el clima... la sensación de mi alma... todo parece señalar un ocaso evidente que no escatima en gastos para demostrar su predominio.
El techo... estuvo siempre ahi? Estará cuándo no esté? Todo carece de trascendencia... esta ha sido una reflexión más a contrarreloj...
2 comentarios:
wena rodrigo, me gusto bastante tu blog
adios, nos vemos en la U
chico de la galleta de avena...
me hice blog, aun está chanta, pero ya existe y puede reconocerse, por si quieres agregarlo
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