
Agradezco, primeramente, a los señores (y para que no me digan machista) y señoras (y sus subderivados solteros, divorciados, enviudados o encaramados que existan) que se han manifestado por medio de las respuestas. También al señor Salo Luna, por recordarme que una caca en un bonito envase sigue siendo caca y a los tantos otros que se han dado la molestia de leer (pienso ingenuamente) o comentar a secas.
Ahora bien, la reflexión post comer no va de un agradecimiento masivo a la gente que lee, ni tampoco las marcas que me ha dejado el trauma de los blogs que dije en algún momento "de esta agua no beberé", y sin embargo terminé tomando, retomando y contomando. Tampoco va a decir que ni me fije cuando ya llegaba a la entrada número chorrocientos (me dio flojera contar cuantas iban) o que nunca he develado que carajos es la galleta de avena, el secreto mejor guardado (y menos interesante) de como yo le llamo, este humilde pasquín de cuarta.
Tanto circunloquio apunta a una experiencia de esas de juventud, aquellas que te embeben con su recuerdo y que te remecen el alma, de acuerdo con los intereses de todos vosotros, o del yo mismo que se consume en una espiral de silencio (como dijera Noelle Neuman) o en un gran curanto de ideas que se entremezclan como líquido percolado de camión de basura, con la diferencia de que sabe rico.
En vez de divagar entre tanta palabra extraña, iré a la experiencia de lleno. Un día me encontré una moneda en la calle. Pero cuando me agaché a recogerla, estaba pegada al asfalto... al medio de la calle... y ya estaba abajo... hay que disimular en esos casos. Regresando un po
co, llegué al " que bueno, dinero gratis!!" (imagínenme jubiloso... la vida no es muy generosa conmigo y si me da dinero, lo consideraría justo) y que la pinche moneda no se quiera salir de la calle...
Por las rechupallas, como es tan cruel la vida... es como esas monedas que están trabadas en el teléfono y que tú las ves, sabes que están ahi, así como su mera existencia revela que ya se rindió a sacarla alguien antes que tú y que sencillamente, si quieres sacarla debes superar a otro ser humano, en esfuerzos, perseverancia e inteligencia... como si esa cosa la dieran en la esquina... un amigo se quejaba por ser limitado visual, y cuantos limitados mentales andarán pululando?
Por lo menos uno se sabe como tal, y aunque no pueda hacer nada por evitarlo, escribe 5 párrafos de solo caca, y aquel que llega a esta línea, se da cuenta que es tanto o más que el que la escribió... sin resentimientos, eh...
Ahora bien, la reflexión post comer no va de un agradecimiento masivo a la gente que lee, ni tampoco las marcas que me ha dejado el trauma de los blogs que dije en algún momento "de esta agua no beberé", y sin embargo terminé tomando, retomando y contomando. Tampoco va a decir que ni me fije cuando ya llegaba a la entrada número chorrocientos (me dio flojera contar cuantas iban) o que nunca he develado que carajos es la galleta de avena, el secreto mejor guardado (y menos interesante) de como yo le llamo, este humilde pasquín de cuarta.
Tanto circunloquio apunta a una experiencia de esas de juventud, aquellas que te embeben con su recuerdo y que te remecen el alma, de acuerdo con los intereses de todos vosotros, o del yo mismo que se consume en una espiral de silencio (como dijera Noelle Neuman) o en un gran curanto de ideas que se entremezclan como líquido percolado de camión de basura, con la diferencia de que sabe rico.
En vez de divagar entre tanta palabra extraña, iré a la experiencia de lleno. Un día me encontré una moneda en la calle. Pero cuando me agaché a recogerla, estaba pegada al asfalto... al medio de la calle... y ya estaba abajo... hay que disimular en esos casos. Regresando un po
co, llegué al " que bueno, dinero gratis!!" (imagínenme jubiloso... la vida no es muy generosa conmigo y si me da dinero, lo consideraría justo) y que la pinche moneda no se quiera salir de la calle...Por las rechupallas, como es tan cruel la vida... es como esas monedas que están trabadas en el teléfono y que tú las ves, sabes que están ahi, así como su mera existencia revela que ya se rindió a sacarla alguien antes que tú y que sencillamente, si quieres sacarla debes superar a otro ser humano, en esfuerzos, perseverancia e inteligencia... como si esa cosa la dieran en la esquina... un amigo se quejaba por ser limitado visual, y cuantos limitados mentales andarán pululando?
Por lo menos uno se sabe como tal, y aunque no pueda hacer nada por evitarlo, escribe 5 párrafos de solo caca, y aquel que llega a esta línea, se da cuenta que es tanto o más que el que la escribió... sin resentimientos, eh...
2 comentarios:
Es muy fácil, hombre. Hay que llevar siempre consigo un destornillador o una llave puntiaguda, y cuando vemos una moneda pegada en el asfalto, removerla. Eso sí, mirar que no se acerque ningún auto o que la calle no esté demasiado concurrida (para que no te lleven puesto). Yo saqué muchas monedas con ese método; después, en casa, las meto en una lata con kerosén, las dejo reposar y luego el alquitrán que siempre queda adherido se sale fácilmente, y la moneda ya está lista para volver a utilizar. ¡Suerte!!!!
Yo hago lo mismo, pero con una variante: las monedas se pueden limpiar con Virulana, el kerosén te ensucia y te deja olor en las manos.
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