jueves, 31 de diciembre de 2009

El Armadillo


Alguna vez te dije que mi corazón es como un armadillo... se mantiene cerrado, no permitirá que se aproximen a él. Quien sabe si un depredador se encuentra allá afuera y de un zarpazo crudo o (producto de la madre naturaleza) desintencionado desgarra la blanda piel que no puedo proteger. Y así el armadillo se mantuvo enroscado, enrollado, mirando el piso... la sombra... la soledad y murió de viejo cuando la soledad había reblandecido tanto su caparazón que una simple brisa lo pulverizo.

Y la brisa sopló y sopló y se llevó en ella lo que pudo y no pudo ser... y la brisa sopló y sopló y nadie tuvo que llorar la partida del armadillo...

Y en alguna otra parte otro armadillo se enrolla, se vuelve uno consigo mismo, se cierra a los demás, se cierra al dolor y al temor y se dedica a vivir... quien sabe si un depredador se encuentra allá afuera y de un zarpazo crudo o (producto de la madre naturaleza) desintencionado desgarra la blanda piel que no puedo proteger.

Yo... prefiero enrollarme... dicen que en no sufrir está el no vivir, pero con una vida larga e indolora me conformo.

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