sábado, 5 de diciembre de 2009

I.- Cómos, cuándos, porqués


Si buscara en algún momento

Cómos, cuándos, porqués

Diría que distancia responde todo

Olvido lo complementa y los imposibles lo respaldan.


Pensar que un avión que toque las estrellas podría alcanzar un sueño

Y que todo sueño pareciera difuminado en el manto agraz de polvo y esperanza

Es cómico como las cosas se dan para que no resulten

Y los resultados no se dan para la comedia


A veces soñar, a veces reír, a veces pensar

En cómo las cosas habrían resultado en otros contextos

No es más que el suave engaño de mentes mustias de tantos cuentos de hadas, de tanta imaginación, de tanta autocomplacencia… de tanta estupidez


Porque ¿quién sino puede concebir el llanto, más que el que no espera nada más que su propia muerte? ¿Cómo recubrir de desaliento las cosas que ya parecen camino al éxtasis? Joven amigo, no dejes que te consuma… no dejes que la esperanza te embargue porque frente al fracaso solo se extenderá la cruel mano de la propia humillación.


Mejor considera cómos, cuándos, porqués

En el plano abstracto de la vida ideal

Míralo como un espejismo o como un magnífico festín de los insulsos…

Míralo desde la vitrina que mira el pobre, míralo y deséalo, pero no rompas el grueso espejo de tu insatisfacción…


Cómos, cuándos, porqués…

A veces resuenan como campanas de plata con el suave repiqueteo de la mierda pisada por el talón…


Cómos, cuándos, porqués…

¿No sería bueno empezar otra vez?

Entonces ¿en que queda el fracaso, el dolor y el aprendizaje?

¿No se saca nada del sufrimiento en solitario?

¿No se aprende nada, acaso, del sucio letargo de la incomprensión?

Los humanos somos tontos… sensibles… y despreciables…

Pero en algún lugar los becerros de oro cobran vida…

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