lunes, 30 de junio de 2008

Premonición



Cuando tres gatos negros se cruzan en tu camino, sin duda será un mal día. Fuera de cualquier tipo de superstición absurda, el hecho de que fueran tres ya dejaba de ser coincidencia y pasaba a ser algo preocupante. Eso pensaba Giz, cuando pretendía cruzar la calle de Xinex por la tarde y el sol parecía ocultarse tímidamente con mucha más premura que otros días. Ya eran las 5 de la tarde y prácticamente estaba todo oscuro como boca de lobo; Giz tarareaba una canción de cuna, mientras meditaba cautelosamente si cruzar o no la calle.

Los gatos desaparecieron tan rápido como aparecieron, sin embargo la calle que cruzaba el joven Giz estaba vacía, no sugería un peligro inminente, por lo que éste cruzó a pesar de sus temores infundados. Una gota, cayendo sobre la nariz del moreno muchacho, anunciaba la lluvia; una lluvia que no había sido pronosticada y que Giz consideraba como otra señal de su incierto destino...

- Carajo, todo mal hoy; primero tres gatos negros y ahora lluvia... ¿que vendrá después?

Al llegar al otro lado, la lluvia aumentaba en peso, cayendo de forma cruda y constante... era una lluvia pesada y dura, que parecía abofetear. Repentinamente, la cabeza de Giz comenzó a sangrar. No eran cientos de gotas de agua, sino miles de agujas cayendo verticalmente sobre la cabeza de Giz. El muchacho corrió con todas sus fuerzas, protegiéndose de la lluvia de agujas que caía en esa tarde oscura y destinada a ser trágica. El sol desapareció totalmente, y en este mundo no había luna, así que nada de luz, solo penumbra para sombra y sombra para oscuridad.

El techo que cobijaba a Giz no era techo.

viernes, 27 de junio de 2008

El título original abajo, porque no alcanza en el espacio del blog.

Historia corta: papeles sobre la mesa por rayar con un crayón negro o algo que tenga una función similar y pueda reemplazar al crayón negro en sentido práctico; las cosas no son como queremos, y lo que queremos a veces no es lo que necesitamos y lo que necesitamos a veces no existe; el cocodrilo bailarín.


Eran trescientos soldados, vestidos todos con el mismo uniforme. El trescientos uno vestía ornamentas estrafalarias, por lo tanto no era de ellos y solo era el trescientos uno. Al llegar a la orilla del mundo, los trescientos cayeron por un inmenso precipicio y el trescientos uno se mantuvo mirando la abrupta muerte de todos sus compañeros. A pesar de todo, no estaba triste; tomó un pedazo de corteza de un árbol cercano y empezó a masticarla mientras emprendía el camino de regreso. La lluvia caía.

Tiempo después había un muchacho en un resbalín. Al lanzarse de cabeza, al llegar al piso, su cabeza hizo “bum” y en vez de sangre salieron dulces de todos los sabores. Alguien se acercó y tomó algunos, y luego se marchó tan silente como habia llegado. La lluvia llegó y borró todo con agua, así como el agua del mar se lleva los garabatos escritos en la arena.

Cuando el mundo estaba viejo, y el mar se había secado, alguien escribía sobre la arena con un pedazo de corteza, mientras comía dulces. Escribía cosas ininteligibles... cosas de las que pocos o nadie podrían dar cuenta, porque la arena es frágil. Cosas divertidas, tristes, interesantes y absurdas. Cosas de las cuales los trescientos uno no habrían podido dar cuenta y cosas que el muchacho del resbalín hubiera querido conocer... pero cosas que ya no se borrarían. Los caramelos parecían acabarse, pero por lo menos ahora el mar no borraría aquellos garabatos, y este muchacho solo tendría que cuidarse de la lluvia...

martes, 24 de junio de 2008

Canción de Invierno; Tengo Frío

Pipo y Toronto son dos buenos amigos.

Pipo y Toronto juegan a diario.

Pipo y Toronto viajan en un extraño viaje donde todos viajan y viajan y viajan y viajan...

Pipo y Toronto llegan a un mundo, donde las fresas crecen en árboles cuadrados y todo huele a anís; un anís nauseabundo que enloquece con solo palparlo, mientras el sonido de los cornos tocando Horn Pipe de Haendel se escucha como melodía monótona del extraño viaje de Pipo y Toronto.

Una selva donde Pipo y Toronto ven los tigres negros con rayas rojas... ¿o serán unas garras de sangre que surcan la carne de estos pobre felinos? Flores de mazapán que se derriten con el intenso sol de jengibre... politonías que difusan el triste caminar de Pipo y Toronto... ya no tienen cara, son simples simios, simios perdidos en medio de la penumbra, la penumbra de un extraño mundo... perro... vaca y canarios... canarios rosa que trinan Yellow Submarine...

Pipo y Toronto se rascan el trasero, musitan cosas inentendibles para el resto de los monos... ellos no son de ahi... ellos no son monos... los monos no son monos, sino sólo Pipo y Toronto...