lunes, 28 de julio de 2008

Reflexión a contrarreloj


Queda aproximadamente una hora para que esté dando un examen... no tengo idea de sus contenidos, sólo se que no estoy lo suficientemente preparado. Tipeo frenéticamente el computador frente mí, sobre la mesa de un color café claro, gastado, como de un barniz muy viejo, con rayones que se impregnan hasta la misma mesa, cortando la madera. Mucho más adelante, un trío de carteras yace... no tengo idea que tendrán adentro.


La música del entorno es suave, melodiosa, impregna el lugar de una falsa calma; aquella calma que no tengo y que no tendré. Aproximadamente 7 personas giran entorno a mí, o eso parece... son solo motas difusas que caminan y hacen sus vidas, tan aisladas de la mía, tan lejanas que no alcanzan a topar con mi vida cansada y alborotada.


Todo parece tan quieto que da miedo, y sin embargo continúa en movimiento, porque todo se mueve. El tipo que tiene el computador con la música tranquila, parece disfrutar de algo que lee en el monitor de su PC... el aire... el clima... la sensación de mi alma... todo parece señalar un ocaso evidente que no escatima en gastos para demostrar su predominio.


El techo... estuvo siempre ahi? Estará cuándo no esté? Todo carece de trascendencia... esta ha sido una reflexión más a contrarreloj...

martes, 15 de julio de 2008

Historia de una hormiga aplastada por una roca




Este es un cuento que fue hecho y publicado por y para la clase de teatro contemporáneo. Mis compañeros no fueron capaces de entenderlo y pusieron caras extrañas luego de escucharlo... al parecer mi mente está fuera de la gran olla de coordinación mundial.

Cuatro perros le ladraban cuando pasó. Sin embargo no tenía idea de que horas antes habría pasado por ese lugar - dijo Dorotea a sus compañeras, parada frente a todas. Su cara se ruborizaba con las miradas de la multitud. Allí, frente a ella no solo estaban sus compañeras de clase, sino también su profesora y su familia.

Muy bien, pase a sentarse - exclamó algo exasperada la maestra, marcando con su bolígrafo azul sobre el cuaderno de notas. Dorotea caminó lentamente y la mirada fría de sus padres parecía incomodarle. Suspiró y se sentó. El resto de las exposiciones transcurrió en calma, mientras la muchacha divagaba entre arcoiris negros y astronautas rosas.

Las clases terminaron con su habitual sopor, aunque en el momento de salir del aula, el laxo ambiente de la clase se quebró. Dorotea, furibunda, salió corriendo por la puerta principal, mientras sus compañeros no parecían comprender y su madre sollozaba sobre la cabeza de su esposo.

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Horas después, el gris cielo comenzaba a emborrascarse, las pesadas gotas de lluvia caían cada una como un verdadero diluvio. Una cascada descendiente, o un simple capricho de Dios. A cada momento el terreno se volvía inestable. Los recuerdos de la clase ya no eran nada más que una mota difusa, suavizada con el tañir mustío de su inmensa infelicidad.

La grava se suavizaba y Dorotea se veía a sí misma en un charco de agua inmenso como un océano y tan minúsculo como un suspiro.

Una carne negra, tostada, felpuda, sobrecargada de fantasmas de antaño, la resignación y satisfacción del eterno resquemor. Una pata y otra más... 6 parecían reflejarse cual caleidoscopio en las manos de un infante y la lágrima que solo mojaba esa agua, llenándola de un salado sabor a pena.

El viento seguía soplando, más un prístino recuerdo presentaba resistencia. Allí, rodando, con la tosquedad de una esquirla enlodada, de un témpano de plasticina que se cuaja ante los golpetazos inciertos de las manos de Hefestos, allí, frente a frente se encontraba Dorotea y su antítesis. Sus padres, profesores y amigos tarareaban un réquiem para ambos y sin embargo, solo la lluvia atestiguaba el encuentro de Dorotea y su tosco señor.

jueves, 10 de julio de 2008

Reflexión tras comer


Agradezco, primeramente, a los señores (y para que no me digan machista) y señoras (y sus subderivados solteros, divorciados, enviudados o encaramados que existan) que se han manifestado por medio de las respuestas. También al señor Salo Luna, por recordarme que una caca en un bonito envase sigue siendo caca y a los tantos otros que se han dado la molestia de leer (pienso ingenuamente) o comentar a secas.

Ahora bien, la reflexión post comer no va de un agradecimiento masivo a la gente que lee, ni tampoco las marcas que me ha dejado el trauma de los blogs que dije en algún momento "de esta agua no beberé", y sin embargo terminé tomando, retomando y contomando. Tampoco va a decir que ni me fije cuando ya llegaba a la entrada número chorrocientos (me dio flojera contar cuantas iban) o que nunca he develado que carajos es la galleta de avena, el secreto mejor guardado (y menos interesante) de como yo le llamo, este humilde pasquín de cuarta.

Tanto circunloquio apunta a una experiencia de esas de juventud, aquellas que te embeben con su recuerdo y que te remecen el alma, de acuerdo con los intereses de todos vosotros, o del yo mismo que se consume en una espiral de silencio (como dijera Noelle Neuman) o en un gran curanto de ideas que se entremezclan como líquido percolado de camión de basura, con la diferencia de que sabe rico.

En vez de divagar entre tanta palabra extraña, iré a la experiencia de lleno. Un día me encontré una moneda en la calle. Pero cuando me agaché a recogerla, estaba pegada al asfalto... al medio de la calle... y ya estaba abajo... hay que disimular en esos casos. Regresando un poco, llegué al " que bueno, dinero gratis!!" (imagínenme jubiloso... la vida no es muy generosa conmigo y si me da dinero, lo consideraría justo) y que la pinche moneda no se quiera salir de la calle...

Por las rechupallas, como es tan cruel la vida... es como esas monedas que están trabadas en el teléfono y que tú las ves, sabes que están ahi, así como su mera existencia revela que ya se rindió a sacarla alguien antes que tú y que sencillamente, si quieres sacarla debes superar a otro ser humano, en esfuerzos, perseverancia e inteligencia... como si esa cosa la dieran en la esquina... un amigo se quejaba por ser limitado visual, y cuantos limitados mentales andarán pululando?

Por lo menos uno se sabe como tal, y aunque no pueda hacer nada por evitarlo, escribe 5 párrafos de solo caca, y aquel que llega a esta línea, se da cuenta que es tanto o más que el que la escribió... sin resentimientos, eh...

jueves, 3 de julio de 2008

Historia de un Billete


Caminando bajo la lluvia, Dolores llegaba a la bencinera. La palidez de su cara demostraba el frío del ambiente y sus manos, cubiertas por guantes despedazados, sujetaban un bidón.

- Mil pesos de parafina, por favor

Dijo al taciturno tipo que leía el diario en la bencinera, y aparentemente era el dueño y empleado de ese lugar. El tipo se acercó a la fortuita clienta, mientras las gotas caían sobre su calva; el viento soplaba frío, entumeciendo los huesos. Dolores extendió el billete de mil pesos y se retiró tranquilamente a su casa. Esa noche, la estufa funcionaría.

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- Corre weon, corre - decía Marcos a su compañero, mientras rápidamente salían de la botillería.
- ¿Y cómo iba a saber que ese maricón iba a tener una alarma?
- Puta, weon, ¿y si tenía cámara?
- Ese no era mi asunto, po weon

Ambos doblaban por la calle Lebod, tratando de escapar del creciente sonido de las sirenas. Las manos de Marcos temblaban, mientras sujetaban el revólver, mientras Carlos sujetaba firmemente entre sus brazos una bolsa de papel.

- Estos pacos culiaos no nos van a pillar, weon, metámonos a tu casa que queda cerca

Carlos y Marcos apresuraron el paso, mientras un billete de mil pesos caía de la bolsa de papel que sostenía Carlos. El billete se movió desde la vereda hasta la calle, a causa del viento que soplaba. El cielo comenzaba a nublarse, disponiéndose para lo que podría ser una lluvia invernal.

Dolores que por ahi pasaba, vio el billete en la calle, se agachó y lo recogió.

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Las chicas iban entrando y el aire frío les hacía apurarse aún más. Adentro, la música suave les recordaba que no era necesario la estridencia para disfrutar de una buena fiesta. Hermógenes servía en su vaso, lo último que quedaba de la botella de cerveza.

- Se acabó la chela, cabros - dijo con algo de exasperación, mientras Leonidas se paraba y le daba un golpecito en la espalda.

- Si te la tomaste toda, es lógico que se acabara

- Ya po, vayan a comprar más - decía con cierta angustia etilica

- Anda a comprar tú

- Pásenme plata, entonces - dijo aparentemente más suavizado.

- Yo me pongo - dijo desde más atrás Pancráfilo quien sacó un billete muy arrugado y se lo pasó a Hermógenes. - Y apúrate, que tenemos sed.

Hermógenes salió de la casa, rumbo a la botillería. Sabía que a la vuelta atendía un viejo pelado y que aún mantenía abierto hasta esa hora. Caminó unas tres cuadras, hasta llegar al local; era grande y aparte de botillería, hacía las funciones de minimarket.

- ¿Qué busca, señor?

- Quiero una botella de cerveza, heladita porfa

- Setescientos pesos - dijo, extendiéndole la botella.

Hermógenes pagó con el arrugado billete y se fue rápido; se le hacía agua a la boca. El viejo pelado guardó el billete en la caja. Al día siguiente dos tipos entraban en su botillería.

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- Oye compadre, ¿préstame plata?

- ¿Cuánto quieres?

- Con luca me basta - dijo, mientras Jerónimo le extendía un billete, el cual Leonidas guardó.

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- Oye Jero... traeme una cajetilla de cigarros? - dijo el padre, extendiéndole un billete

- ¿De cuál?

- Smokeman extrasuave

- Oka - dijo Jerónimo, mientras su padre lo miraba alejarse y seguía leyendo el diario en su bencinera...

martes, 1 de julio de 2008

Clepsidra


Cuando se siente esa desagradable cosa en la garganta, tu sabes que estás jodido por algún problema. Miras al horizonte y piensas que encontrarás la respuesta, sientes el amargo sabor de la hiel en tu salibar y tus ojos se dilatan y contraen como si fuesen las alas intermitentes de un colibrí. El zumbido insistente que recorre tu mente te taladra a cada momento los pensamientos y cuando piensas que te ha llegado la calma al acostarte, te quedas mirando atentamente el techo, buscando explicaciones, pensando cómo fue que pasó y cuando vendrá.


Al despertar, la sangre contra tu cuello, bombeando por salir, la furia de tus ojos los cuales se enrojecen en un colérico llanto furioso y la sutil esencia del recuerdo. Te hace llorar, pero te hace querer golpearla como si fuera un simple muñeco, que para ser muñeco si que hizo mal. No te parece que es solo una jugada sucia, una patada en la parte baja de tu mente, que se despedaza con un recuerdo quejumbroso?.


Cuando se siente esa desagradable cosa en la garganta, tú sabes que la respuesta no esta en masticar la idea una y otra vez... dónde está? no se sabe, si alguien supiera, no tendría esa desagradable sensación en su garganta, ni aquellos ojos rojos como la sangre, mirando el vacío en busca de lo que fue mejor...