miércoles, 31 de julio de 2013

Cuaderno, lluvia, reunión.

¿Realmente lo necesitas? - preguntó ella. Así fue como nos conocimos en verdad. Era un día de lluvia, como esos que me gustan; con el cielo oscurecido por nubes grises, las calles como espejos de plata reflejando los transeúntes  y los buses escasos, pero oportunos. Me miraba con una cara de incredulidad, como si no estuviese segura de mis propias necesidades, como si no pensase que alguien más lo quisiera, como si no hubiese ninguna chance de que existiese alguien más así en el mundo.

Me quede callado un rato, pensando la respuesta. Ciertamente lo quería, pero tampoco deseaba que pensase estaba desesperado. Carraspeé un poco, no sería extraño; estaba frío y perfectamente podría estar algo congestionado. La mire a los ojos y con una sonrisa respondí - Si, claro, buscaba algo como eso... ¿acaso es muy extraño?

Al parecer fue la respuesta correcta, porque su cara se iluminó como si le hubiesen dicho el mejor cumplido. Movió la correa de su bolso de forma de dejarlo frente a ella y revolvió su contenido. Por un segundo pensé que sacaría un revólver y me diría algo como - ¡¡Ahora es tiempo de morir, perra!! - pero siempre me imagino ese tipo de cosas raras; mi imaginación es algo volátil y, a veces, inoportuna. Parecía que había un montón de cosas en su pequeña cartera que pese a su engañoso tamaño, seguro debía tener un espacio extradimensional en su interior... ya había experimentado con mi madre el poder espacial de un bolso de chica.

Sacó el cuadernito. Se veía bastante ajado, con algunas tiras de papel deslizándose fuera de sus tapas. Tenia un montón de rayas y garabatos marcando unas tapas de cartón corrugado; algunos dibujos, y manchas de café. Era tal como me lo esperaba.

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La historia de cómo llegué a este lugar es básicamente un misterio, pero me gustaba leer lo que escribía esa niña. Siempre pensé que con las cosas que escribía, debía tener una croquera bastante chula, y así lo era. En algún momento el diario mural del colegio se empezó a llenar de cuentos que solo yo parecía leer. Averiguar de quien eran fue un poco difícil; más tratando ella de esconderse, pero valió la pena. Después de poner yo mismo un cuento empezamos a comunicarnos a través de ese diario mural.

Era lo más extraño que había hecho hasta ese entonces, pero a nadie le interesaba. Un diario mural en medio del colegio era solo un espacio que nadie hoy en día leía. Un día me dijo juntémonos en la biblioteca, y ahí la conocí. O volví a conocer. Ya la había visto muchas veces antes, deambulando por los pasillos de la biblioteca, cuando había ido a sacar los comics que me gustaban, pero siempre pensé que una persona así no querría acercarse a nadie... y tenía razón.

Con algo de disgusto me miró y exclamó - ¡¿Qué clase de broma es ésta?! - casi bufando sobre mi, al darse cuenta de la obviedad que yo fuese, en aquel momento el único en la biblioteca, cuando ella esperaba al chico con el que se comunicaba a través del diario mural. - No es ninguna broma - dije - yo soy quien escribía - agregué. No estaba faltando a la verdad, pero sentía que había algo que no encajaba. Lógicamente lo entendí luego, cuando me dejó otro pedacito de papel como los que colocaba en el diario mural, y se marchó rauda de donde estábamos.

El papel tenía un lindo cuento sobre un día de lluvia, un chico caminando bajo ésta y una niña esperándolo. La niña le entregaba el cuaderno en el cual escribía cuentos, y mundos, y sueños. El niño lo recibía con una sonrisa, como si fuese la cosa más linda del mundo. Lo entendí perfectamente. Al día siguiente hubo sol. Y al siguiente, y al siguiente. Y así fue por varias semanas hasta que un día se nubló. Me alegré para mis adentros, me encantan los días así. Me fui a acostar mientras escuchaba la lluvia caer y cerré los ojos, sabía lo que tenía que hacer al día siguiente.

Mañana, quizás, me tocaría escribir el cuento a mi.


sábado, 20 de julio de 2013

Prisma

He pensado mucho las cosas. Esta vida de músico es austera, mas no cansina, y eso facilita las cosas. A veces tener tiempo para dormir es tan agradable que puedo hacerlo sin necesidad. Porque ya no me gusta dormir, ni soñar. Soñar es como ver un montón de películas y mundos posibles, o imposibles, de los que actualmente estoy cansado. Prefiero antes de dormir, abrir las cortinas y mirar la luna y adormecerme en ello, y que al día siguiente el sol me abofetee invitándome tentadoramente a hacer algo más que leer una revista o coger el bajo.

Jamás pensé que una vida de dilettante fuese posible y, sin embargo, me encuentro haciendo un montón de cosas para las que jamás me preparé, jamás desee, pero por suerte no me estorban. Parece que a cada momento surge una razón de estar, de hacer, de sentir nuevas experiencias que saben a viejas. Es extraño y enigmático. Jamás en mi vida busqué nada más que estar bien conmigo mismo y hoy en día es como si el mundo me reclamase como suyo, buscándome, pidiéndome mi presencia.

Por eso es que no he sido ingrato y ha sido una tremenda ventaja el poder moverme sobre las olas como si una corriente invisible me meciese y me diese unas alas que aparentaron estar invisibles. Miro hacia adelante, porque mi cola arde en llamas desde que mi cuerpo se convirtió en una estrella fugaz. Esos espacios vacíos que veo en mi entorno, son solo ubicaciones que por alguna razón no he sabido explicar, ni quiero, puesto que cada engranaje del sistema articula mi propio entendimiento de la situación; mañana lo sabre, es seguro.

A veces pienso que fue justo salir de un lodazal. No se puede culpar la envidia, ni a lamentos ajenos, pero hoy poseo la gracia de recibir todo en bandeja de plata, como si la fortuna no parase de girar dándome cosas que jamás poseí... y siempre estuvieron allí. Vivo bien, como bien, no me esfuerzo y aún así siento que hay un desgaste que me deja con buen sabor de boca. Soy necesario, soy importante, y lo que es más, he sido capaz de desprenderme de los lastres que me impedían el vuelo.

Pero siempre habrá algo allí... ¿Será la duda? ¿Será una ilusión? No se cómo el despertar puede ser tan brusco, si aún no me mantengo en un tremendo sueño. Si vivo en sueño, o sueño en vida es algo complejo... jamás esperé que lo onírico tuviese mayor participación, y hoy en día me hago el tonto, para que todo caiga sobre su peso. No me motiva dejar mi marca, ni tomar el timón; sólo vengo a jugar y a cantar.

Entonces ...

Cuándo...

Los finales...

Se abren...

Y veo pasar las locomotoras escupiendo su humo en mi cara, y me despierto. No me conozco hoy en día, pero no siento esa angustia ni la ansiedad. ¿He despertado, o finalmente he muerto? ¡¡A quién le importa!!
Sinceramente me alegro que sea irrelevante, quizás en alguna parte del camino perdí todo aquello que me llamaba a pensar, pero hoy en día tengo un espejo que me muestra el futuro. Puede ser una posesión menos bonita, pero la amo. Se llama libertad.

Cuando sea un viejo de mierda, mi mecedora no se moverá. No necesito sentir el vaivén de las cosas para adormecerme. Dormiré y soñaré despierto, y viviré varias veces. Al final todo es como un gran prisma. La luz la pongo yo, déjame darte los colores. No necesito la doctrina del conquistador ni demostrarme a mi mismo con la derrota de nadie lo que puedo hacer, ni gemir mi decepción, ni tomar la hoja para matar mi aval. Soy agradecido, mañana tocaré una canción y sonará para siempre, porque lo haré bien.

Siempre...

 Los bosques...

El mar...

Y la melodía que no para...

El viento...

Una necesidad...

Open your eyes :)

domingo, 31 de marzo de 2013

Cuando el fénix vuela

Siempre que miro el fondo de aquel valle, veo fuego. Veo un resplandor ocre y unas cuantas siluetas opacadas por las flamas que consumen todo. Siento que todo se derrite en un infierno inventado por mis propios fantasmas, y que calcina sólo para hacerme sentir bien y mal conmigo mismo. Porque mis lágrimas queman y sanan, y lo que supo a hiel hoy no es más que ceniza.

Me he levantado envuelto en un manto rojo que se ha prendido incandescentemente por el resto de mis días, que son eternos, que no acaban sino hasta que yo lo diga, y que aún así no tienen un ajuste claro, ni una medida contada. Por fin he levantado el vuelo sacudiéndome el hollín que he dejado en derredor, para decir que estuve en alguna parte, y que terminará falseado por el carbón en el que vivo.

Soy un fénix, que no importa cuanto arda, sabrá volver. Mis plumas resplandecen por el amanecer en el que nazco, por la noche a la que canto un réquiem y por las cabezas que voy cercenando. 

Soy un fénix, y soy eterno. No tengo pasado al que mirar, porque las llamas se lo han llevado a posta del infierno que hubo antes. 

Soy un fénix, porque sonrío e ilumino la noche y soy la carroza de Helio que acompaña los viajes crepusculares. Vivo, siempre vivo. Las muertes no son más que un instante ceniciento que sólo marcan un punto en la eternidad.

He viajado tanto, he ganado la sonrisa fácil y bribona en medio del vuelo. El horizonte se expande, la vida continúa, los abismos se cierran y tengo frente a mi un metal por escaldar. Forjar la espada, o el cepo, o la corona con que premiaré mi tenue fogata.

Y no doy gracias a nada, no lloro por nada, no temo por nada, sólo vuelo y sonrío, y consumo todo en un fuego infinito, que huele a azafrán y a azufre; que tiene un sopor nauseabundo y sin embargo parece fresco; que nace y vive, y muere, y vuelve a vivir eternamente. Porque no puedes quemar a un fénix, sólo puedes refrescarlo y recordarle que está vivo; y porque a fin de cuentas no puedes encarcelarlo, sólo invitarlo a pasar antes de que se marche.

Soy un fénix cuyas alas son robustas, por el trabajo duro, por el aprendizaje, por la fortuna, por el fuego, por su fuerza inmortal.

Y porque soy un fénix, no desespero; porque nada espero, porque mi vida sigue y continuará por donde pase, y porque cada brasa es un nuevo despertar. Porque finalmente mi mecha no se apagará. Porque tengo ganas de romper el viento y declarar un infierno que hemos de disfrutar como el rocío de la mañana.

Y siento como si todo fuese mejor, como que el viaje no hace más que continuar y que la diversión recién empieza. No puedes retener a un fénix. Sus alas son como el agua, pero con el calor del sueño. 

Y cuando miro todo, desde el aire, con mi vuelo tranquilo y mi mente en paz. Veo lagos, veo prados, veo el fuego de la vida, en el que me he de consumir una y otra vez, porque no hay un límite en el arder, sino sólamente lentos despertares. Y porque el cazador o el verdugo no pueden hacer nada, simplemente mirarte en la lejanía, y dormir, y soñar, y sonreír. 

Te verás a ti mismo, en el sueño de un pequeño niño que desea volar. Y verás que el aire no es tan ligero, y que el fuego te eleva, y las llamas te consumen, y te vuelves un ave dorada que aprende a mover sus alas. Entonces entenderás que no hay sombra suficiente para tanta luz. Estarás en paz, y arderás como una estrella por siempre.

Por eso soy un fénix, no hay muchas más vueltas que darle...

viernes, 4 de mayo de 2012

La luz de mis ojos

La luz de mis ojos se ha ido. No supe cómo ni cuándo, repartí demasiado peso en ella. Supe que la quería, que era el universo, y sin embargo comencé a notarla imprescindible, demasiado importante. Dejé que mi luz recibiera el agobio de mis preocupaciones, me viera vulnerable, me viera exasperante. Comencé a necesitarla tanto que en vez de ser un sostén, necesité que me sostuvieran. Dejé que mis miedos, mis dudas mi inacción la abofeteara y le mostrara mi faceta más patética.

La luz de mis ojos me ha abandonado. Ahora puede ser la luz de alguien más. Mi luz buscaba independencia y no estar atada a un problema. Las dichas que prometí en un futuro no hicieron más que colapsarse en torno a mí. Perdí el interés en mí, en mi entorno y sólo mi luz era el fondo y la figura. Y jamás comprendí que la luz llegó a mi camino por el cómo era, y no en lo que me convertí.

Tanta complacencia, tanto obsolecer, tantos miedos e inquietudes, que se vieron colapsados en quien no debía colapsarse. La luz de mis ojos aguantó estoicamente el sufrimiento de ver morir al humano quien escogió, y tuvo la valentía de salir adelante cuando ya no le quedaba nada.

La luz de mis ojos se ha ido, y no volverá. Habrá otro hombre que será feliz con su brillo, y que se vanagloriará de su éxito. Ciertamente merece hacerlo. Es el fiel reflejo de la parte más oscura de mí, la que en su momento necesitó el brillo y lo encontró. Es alguien que acredita poder darle a la luz el cuidado de la flama frente al viento, bloquear las balas y darle autonomía y bienestar.

Ahora que la luz de mis ojos se ha ido, vivo en sombras. Pero se que me quedan días por recorrer. Soy un hombre nuevo. Después del ocaso, veremos las estrellas y la luna resplandecer en medio de la penumbra, pero mañana será un día mejor, un día con sol o si hay buena ventura, hermosas nubes dejando caer la llovizna del bautismo.

La vida sigue adelante, he encontrado motivaciones que me llevan a un futuro incierto, pero auspicioso. He encontrado en qué enfocarme, en qué ser útil, en qué recobrar mi confianza. He estado en el piso y me he levantado, y pese a que ahora otra persona tiene en su camino la luz de mis ojos, puedo decir que siento dicha por él. Porque aunque para él sea indigno y un perdedor, puedo decir que esas cosas se irán difuminando. La luz lo hará crecer y germinar como un árbol de los frutos más preciados. Porque aunque sea odioso para los ojos de aquel que ahora posee la luz, y para la luz misma, con el tiempo iré entrando en la nueva era, que yo mismo he preparado. Porque no hay mejor festín que el que uno mismo cocina.

Aquel que ahora porta la luz de mis ojos es una persona afortunada. Ciertamente es un ganador y merece lo que tiene. Si bien recuerdo cuando la luz vino a mí, yo también lo era y simplemente caí en la rutina de sentirme acompañado. Un hombre pesa más por sus actos que por su inacción. Él es ciertamente alguien que no se preocupará en un futuro por cómo fueron las cosas, sino por lo que consiguió. Y ciertamente tiene razón, el proceso ya no importa, sólo el producto.

Yo por mi parte he conseguido ver un camino en medio de la oscuridad. Si te sientes sólo y en desdicha, no tienes más que seguir tu instinto. Si te has perdido, encuéntrate. Si necesitas compañía, búscala. Si deseas salir adelante, da el paso. Si estás abajo, sólo necesitas subir.

Ahora que la luz no está, estoy recobrando mi propia vista. Lazos totalmente cortados están volviendo a ser anudados. No es una tarea fácil, pero ahora estaré para eso. Mis fuerzas han encontrado algo en qué ser utilizadas y mis propios ojos se ven movidos por la fortuna que me espera. He encontrado la paz en la tormenta, precisamente porque sin mi luz era ciego, y sólo quedaba el suave susurro de la borrasca.

Me permití ser mecido por la desdicha y la autocompasión sólo hasta poder acabar mi propio legado. Soy un hombre nuevo. Incluso la oruga necesita envolverse en un lecho pegajoso antes de salir volando. Y pese a que no soy mariposa, ahora que la luz no está, mis oídos, mi olfato, mi cuerpo camina sólo en su propio sendero. Pese a que la luz y su nuevo portador no recuerden mi presencia, mis propios actos se encadenarán al éxito. Porque pese a no tener la luz, no estoy ciego y me acepto a mi mismo. Soy el mejor yo que existe. Puedo caminar por las sombras sin tener mi luz.

No han pasado muchos días y la luz lleva una eternidad alejada de mí. Pero mi camino se ha enderezado. Nuevas opciones, nuevas premisas, nuevas consignas. Y lo que es más importante, he recobrado mi seguridad. Hace tanto no sentía ser útil, la pasión por descubrir, la pasión por hacer. Y sinceramente jamás sabes cuando una mano en el camino se tornará hacia tí. Porque el cambio principal es de dentro y no de fuera. Porque cualquier sufrimiento se transforma en recuerdo con mirarlo al pasado. Porque me vuelvo en alguien independiente y verdaderamente puedo caminar sólo.

He visto muchas estelas titilar. Todas resplandecen como las estrellas a lo lejos, bailando en derredor, creciendo en el crepúsculo. Estrellas brillantes que refulgen y recuerdan tu brillo. Tu brillo es único, no lo dudes, pero yo podré caminar a partir de ahora. Crecen las flores, crecen los campos en medio de la oscuridad. Crecen porque mis ojos han recuperado su luz propia, y no es transitoria, no es una luz errante. Porque en el camino de las sombras, siempre abrirá la brecha un nuevo resplandor que no es más que el fulgor periódico de tu propio brillo.

Quien más que yo podría resplandecer en medio de la oscuridad. Quien más que yo podría gatear del abismo y abrirse paso por los bosques, las montañas y los ríos hacia adelante, siempre hacia adelante. He adquirido brillo y cosas fabulosas me suceden en mi camino. Me vuelvo resplandeciente, soy inmortal. Brillo sólo y sin luz, brillo en la oscuridad y alumbro otras personas.

Pero yo se lo que es perder la luz de tus ojos y por lo mismo alumbraré nuevas vidas con mi propio fulgor. Soy el fuego que enciende a otros en medio del vacío. Lo que hago es valioso, mi vida es valiosa. Si mirase en derredor sabría que solo una chispa radiante puede existir en juego con otras. Se que la luz de mis ojos se alejará y no volverá. Pero mi propio brillo me permite ver cómo de aquí en adelante todo será éxito. Mis propios asuntos son la prioridad, me he vuelto el sol de mi universo. Y cuando miro en derredor, veo mi camino recorrido, los fracasos, los aciertos, el ocaso y el amanecer. Puedo sentir cómo aquel brillo perdido no fue más que la chispa de la explosión que finalmente derrumbó los muros de mi propia ceguera.

Hoy miro en la lejanía el reflejo de tu luz, y recuerdo lo que fue quedarse en el presente. Hoy me he convertido yo mismo en una luz para otros, y brillaré por la eternidad. Hoy abandono la tristeza, por voluntad, por decisión, por compromiso. Las cosas malas pasan por algo. Las buenas cuando son necesarias. He necesitado mi oportunidad y la he conseguido. Es momento de sonreír y tomar el sendero que se abre. La luz de mis ojos se ha ido, pero su recuerdo aún ilumina mi mente. Mientras exista una luz en el mundo, siempre saldrán más luces en la oscuridad.

sábado, 21 de abril de 2012

Mirando el techo

Varios temas vienen a mi mente estos días. Generalmente, la mente se llena de basura día y noche, pero sólo notamos la importancia de esa basura cuando no tenemos nada más que hacer que mirar al techo y comprender lo infinitamente pequeños que somos. Me encontraba en medio de ese sopor, cuando diversos pensamientos inundaron mi mente.

¿Somos egoístas? Lo somos, nuestro bien fundamental somos nosotros mismos y siempre veremos la mierda en el ojo ajeno antes que realizar la autocrítica de rigor. El mundo siempre será injusto en tanto no podamos estar en un estado de bonanza. Todo estará mal, en tanto las cosas bien no te lleguen.

Si somos egoístas, ¿Cómo nos pueden preocupar las otras personas? En tanto las otras personas tengan intereses o temas que afecten nuestra propia pauta de necesidades psicobiológicas, ellos serán importantes, necesarios, imprescindibles. Por lo mismo, es que las personas somos desechables, en tanto nos volvamos inútiles, cuando hayamos cumplido nuestro fin en la vida de las personas y, lamentablemente, siempre nos queda a alguien para quienes somos importantes, pero que con el peso de las circunstancias difícilmente podemos contestar: nosotros mismos.

Si sólo tenemos ojos utilitariamente para otros, ¿Qué nos queda? Las reglas del juego son claras, vive y deja vivir; vive por y para tí; vive de los otros por tí. La gente que en algún momento te pudo necesitar, siempre puede cambiar de opinión y desecharte de la noche a la mañana, cambiarte por algo o alguien mejor, ignorarte y pensar sólo en sí, porque a fin de cuentas para eso estamos hechos.

Si nada nos queda, ¿Qué es el amor? Es la expresión máxima de eso, una necesidad urgente, pero a fin de cuentas finita. En algunos casos puede durar hasta la muerte, en otros es mucho más corta y simplemente puedes ser necesario para alguien que no va a dudar ningún segundo en abandonarte si ya eres un inútil. Pero no se puede culpar a nadie de ello, básicamente porque la gente cambia, el mundo cambia y uno mismo cambia.

Todos cambiamos y eventualmente nuestras necesidades también. Principalmente nuestros intereses, y algo divertido se puede volver obsoleto y odioso, todo cambia, y básicamente vuelve a lo mismo después de un interminable ciclo de cambios. ¿Es contradictorio, no? De todas maneras siempre habrá alguien que nos diga que estamos predispuestos a sufrir. Es lógico, quien no mira, no ve. Alguien sin los ojos con los que uno ve, sólo verá lo que pueda ver. No ponernos en la posición del otro es otra de las señales de nuestra naturaleza humana de egoísmo. Sólo somos lo que queremos ser, y en algunos casos queremos ser ciegos, para que los otros ciegos no nos repelan.

¿Somos capaces de ser sinceros? Si, y no. Lo somos en la medida de que verdaderamente dependa de nuestras necesidades egoístas. No lo somos en la medida de que verdaderamente dependa de nuestras necesidades egoístas. Si te fijas, la sinceridad está atada al ego, al ser, a la mente y al corazón. Pero no a la cursilería del corazón postromanticista. Más bien a pensar que el corazón es un músculo, debe seguir latiendo, bombeando en nuestro interior, y que pese a que tenemos consciencia, no distamos mucho de una gran máquina.

¿Cómo encontrar paz en medio del dolor? No se puede, encontrar la paz es un trabajo arduo que requiere de una introsprección profunda, de dejar la autocontemplación, la automiseria y el propio engaño. Sólo debemos aceptar el engaño que nos propone la sociedad. Gente que crea que disfruta y que viva la bonanza que tiene hoy. Me alegro por ellos, les deseo que se prolongue bastante.

Entonces ¿qué estamos buscando? No tengo idea, por ahora busco dejar de mirar al techo, conformarme conmigo mismo, una sábana, un cojín y pensar que alguna vez fui necesario para alguien.

jueves, 19 de abril de 2012

Somos lo que somos

Después de tanto tiempo sin escribir acá, con cosas fortuitas contadas de cuando en cuando, papel y lápiz sobre el escritorio y pensamientos que no quisieron quedarse en un trazo de puntos inacabados. Terminamos llegando al fin de una era, y al comienzo de otra. ¿Qué viscisitudes quedan por delante, cuando cada pedazo de tu mente y cuerpo se desgarran y son devorados por las hienas?

Es que la verdad, somos lo que somos, a prueba de balas, inextinguibles, implacables, , intocables, sobrenaturales e infinitamente débiles. ¿Qué tan bajo se puede caer, antes de que el piso se abra y te siga llevando al inframundo?

¿Qué son la traición, la pérdida, el olvido y el desamor comparados con la hiel de un destino inacabado?

Somos lo que somos, como rocas, como arcilla, como un budín de carne y venas, que se topa día a día con la mella y el fracaso, que llega día a día a la madreselva de los pensamientos, que día a día comete la osadía de seguir viviendo.

Hace mucho que no escribía acá, y no son por cosas buenas, no son por cosas malas ni es por tu pensamiento. Es la razón de ser del humano, pensar, sobrepensar, herirse y morirse, vivir de amor, morir de desamor, tragar, cagar, respirar y pensar. No queda mucha vida, no quedan muchos días o eso es lo que espera mi oración cansina, que finalmente llegue el día en que un coro celeste desate su furia o que bien la madre gaia nos engulla con fascinación y descaro.

Cuando somos lo que somos, no importa mucho el cómo. Más bien importa el resultado de una ecuación inexorable, de una ruleta rusa, de un suspiro en el desierto. No somos más de lo que somos, en tanto la vida nos otorgue una rosa que nos corte el pescuezo.

Y cuando vemos las cosas buenas, las malas, el pensamiento, el sufrimiento, la gran decadencia y el sentido de las cosas, nos lleva todo a un espiral de sinsabores que parecieran resplandecer como un sol negro, que se ocupa de matar los retazos de felicidad. No somos buenas obras, ni venimos de las raíces a los dulces cepos. Sólo resistimos el acoso del devenir y tratamos por todos los medios de aferrarnos a la quimera.

Y si en algún momento el patetismo, la inequidad, la mala suerte o la dulce vida se nos cruzan, somos vulnerables. Una ilusión vale más que mil imágenes, y nuestra mente es frágil si le ofrecemos un panteón florido, una casa con un perro o la dicha de un beso encantado. No tienes a la gente, somos lo que somos, y nuestro himno es injusto, en tanto somos, dejamos de ser y no tenemos más remedio que acceder a la esencia de la virtud, la dicha y la tortura en la que estamos.

Promete a tu padre, a tu madre y a tus santos que serás lo que eres, para que jamás tu corazón arda en el tizón, producto del engaño o de la inopia de no ser nada cuando crees ser algo. Jura por tu vida que jamás llevarás al fin la rosa que resplandece y desenvaina cada día, frente al junco o al ogro que pretenda acometer su injusticia contra tí.

Desencadena la brutalidad, como lo hiciste conmigo y conviértete en un sirviente de tus propios actos, se como eres, y no como fuiste, ni como has de ser. No vuelvas la mirada a tu vandalismo ni a tu vendetta, eres sólo una luz en medio de los astros y no posees más brillo que la oscuridad. Pero tu temple es gargantuesco, como una coraza impoluta y silente que deflecta su porvenir, como una espada que desolla la codicia ajena, como un sol del amanecer, como la gran dicha.

Si en algún momento tus ojos brillaron al verme, debes asumir que jamás prometieron lo correcto y ahora miran en derredor buscando su rumbo. No te postres, no desistas, no me olvides. Hace mucho que no escribo, y nadie escribe cuando es feliz. Te doy la bienvenida a mi mundo, la desdicha es el motor del pensamiento. Somos lo que somos, cuando pasa el tiempo, cuando morimos, cuando solo quedan huesos y polvo. Pero por suerte somos eso, y no una esperanza floja que se deshace al contacto. Me alegro de estar vivo, porque se qué es el sufrimiento.

sábado, 7 de mayo de 2011

La flor en el camino


La flor en el camino crece, brota, se asoma tímidamente, mostrando su existencia, pero siendo obviada por los viajeros.

La flor en el camino tiene vivos colores, tiene un dulce aroma, y es tranquila, calma... es mecida por el viento y pareciera susurrar el nombre de tantos hombres y mujeres gentiles, en tanto existe y vive.

La flor en el camino espera, así como canta y susurra mientras mira pasar carretas, y mira pasar viajeros, y animales, y personas que pasan y pasan por el camino, y no se dan vuelta a mirar a la flor que los saluda.

La flor en el camino está sola. Existe para adornar el viaje, pero no existe en la mente de los viajeros. A su lado hay otras flores que no saludan, sino están estáticas, y no esperan respuesta sino permanecen en constante quietud.

Y tu, flor, ¿a quién esperas? ¿en qué piensas? ¿porqué sonríes, mientras miras los viajeros pasar? ¿En verdad esperas que algún día alguien se agache y te mire de frente, y vea tu existencia? Y si lo hace, ¿reconocerá tus colores, tu fragancia, tu quietud y tu calma? ¿Podrá ver tu envidia, tu odio, tu silencio y tu pena? ¿Serás feliz?

Un día de lluvia y noche, la flor en el camino fue cortada. En medio del barro, su tallo yacía aplastado por la rueda de una carreta. La flor en el camino exhalaba su último suspiro y pensó porqué pasó tanto tiempo esperando un saludo, cuando a su lado habían tantas otras flores estáticas que vivieron y murieron en su propia existencia. Siendo más flores del camino.

Un día, un viajero recordó que en su camino había visto una bella flor. Sin embargo, la flor jamás lo supo.