jueves, 3 de julio de 2008

Historia de un Billete


Caminando bajo la lluvia, Dolores llegaba a la bencinera. La palidez de su cara demostraba el frío del ambiente y sus manos, cubiertas por guantes despedazados, sujetaban un bidón.

- Mil pesos de parafina, por favor

Dijo al taciturno tipo que leía el diario en la bencinera, y aparentemente era el dueño y empleado de ese lugar. El tipo se acercó a la fortuita clienta, mientras las gotas caían sobre su calva; el viento soplaba frío, entumeciendo los huesos. Dolores extendió el billete de mil pesos y se retiró tranquilamente a su casa. Esa noche, la estufa funcionaría.

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- Corre weon, corre - decía Marcos a su compañero, mientras rápidamente salían de la botillería.
- ¿Y cómo iba a saber que ese maricón iba a tener una alarma?
- Puta, weon, ¿y si tenía cámara?
- Ese no era mi asunto, po weon

Ambos doblaban por la calle Lebod, tratando de escapar del creciente sonido de las sirenas. Las manos de Marcos temblaban, mientras sujetaban el revólver, mientras Carlos sujetaba firmemente entre sus brazos una bolsa de papel.

- Estos pacos culiaos no nos van a pillar, weon, metámonos a tu casa que queda cerca

Carlos y Marcos apresuraron el paso, mientras un billete de mil pesos caía de la bolsa de papel que sostenía Carlos. El billete se movió desde la vereda hasta la calle, a causa del viento que soplaba. El cielo comenzaba a nublarse, disponiéndose para lo que podría ser una lluvia invernal.

Dolores que por ahi pasaba, vio el billete en la calle, se agachó y lo recogió.

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Las chicas iban entrando y el aire frío les hacía apurarse aún más. Adentro, la música suave les recordaba que no era necesario la estridencia para disfrutar de una buena fiesta. Hermógenes servía en su vaso, lo último que quedaba de la botella de cerveza.

- Se acabó la chela, cabros - dijo con algo de exasperación, mientras Leonidas se paraba y le daba un golpecito en la espalda.

- Si te la tomaste toda, es lógico que se acabara

- Ya po, vayan a comprar más - decía con cierta angustia etilica

- Anda a comprar tú

- Pásenme plata, entonces - dijo aparentemente más suavizado.

- Yo me pongo - dijo desde más atrás Pancráfilo quien sacó un billete muy arrugado y se lo pasó a Hermógenes. - Y apúrate, que tenemos sed.

Hermógenes salió de la casa, rumbo a la botillería. Sabía que a la vuelta atendía un viejo pelado y que aún mantenía abierto hasta esa hora. Caminó unas tres cuadras, hasta llegar al local; era grande y aparte de botillería, hacía las funciones de minimarket.

- ¿Qué busca, señor?

- Quiero una botella de cerveza, heladita porfa

- Setescientos pesos - dijo, extendiéndole la botella.

Hermógenes pagó con el arrugado billete y se fue rápido; se le hacía agua a la boca. El viejo pelado guardó el billete en la caja. Al día siguiente dos tipos entraban en su botillería.

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- Oye compadre, ¿préstame plata?

- ¿Cuánto quieres?

- Con luca me basta - dijo, mientras Jerónimo le extendía un billete, el cual Leonidas guardó.

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- Oye Jero... traeme una cajetilla de cigarros? - dijo el padre, extendiéndole un billete

- ¿De cuál?

- Smokeman extrasuave

- Oka - dijo Jerónimo, mientras su padre lo miraba alejarse y seguía leyendo el diario en su bencinera...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola!
llegue a tu blog por q me llamo la atencion lo de clepsidra, luego segui leyendo y simplemente me cautivo... asiq tuve q ponerme a urgetear y finalmente lei todas tus publicaciones.
Sinceramente me parecen facinantes, envolventes, en ocaciones sin sentido pero nunca incoherentes, lo cual deja ver lo diestro q eres con las palabras.

Tu lexico llega a ser humillante para un lector sin tanto dominio como yo.
Definitivamente un gusto leer sus creaciones.

Claudio E. Luna Sánchez dijo...

una mierda el cuento del billete. Esperaba un final mejor. Es mejor el de abajo.