martes, 15 de julio de 2008

Historia de una hormiga aplastada por una roca




Este es un cuento que fue hecho y publicado por y para la clase de teatro contemporáneo. Mis compañeros no fueron capaces de entenderlo y pusieron caras extrañas luego de escucharlo... al parecer mi mente está fuera de la gran olla de coordinación mundial.

Cuatro perros le ladraban cuando pasó. Sin embargo no tenía idea de que horas antes habría pasado por ese lugar - dijo Dorotea a sus compañeras, parada frente a todas. Su cara se ruborizaba con las miradas de la multitud. Allí, frente a ella no solo estaban sus compañeras de clase, sino también su profesora y su familia.

Muy bien, pase a sentarse - exclamó algo exasperada la maestra, marcando con su bolígrafo azul sobre el cuaderno de notas. Dorotea caminó lentamente y la mirada fría de sus padres parecía incomodarle. Suspiró y se sentó. El resto de las exposiciones transcurrió en calma, mientras la muchacha divagaba entre arcoiris negros y astronautas rosas.

Las clases terminaron con su habitual sopor, aunque en el momento de salir del aula, el laxo ambiente de la clase se quebró. Dorotea, furibunda, salió corriendo por la puerta principal, mientras sus compañeros no parecían comprender y su madre sollozaba sobre la cabeza de su esposo.

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Horas después, el gris cielo comenzaba a emborrascarse, las pesadas gotas de lluvia caían cada una como un verdadero diluvio. Una cascada descendiente, o un simple capricho de Dios. A cada momento el terreno se volvía inestable. Los recuerdos de la clase ya no eran nada más que una mota difusa, suavizada con el tañir mustío de su inmensa infelicidad.

La grava se suavizaba y Dorotea se veía a sí misma en un charco de agua inmenso como un océano y tan minúsculo como un suspiro.

Una carne negra, tostada, felpuda, sobrecargada de fantasmas de antaño, la resignación y satisfacción del eterno resquemor. Una pata y otra más... 6 parecían reflejarse cual caleidoscopio en las manos de un infante y la lágrima que solo mojaba esa agua, llenándola de un salado sabor a pena.

El viento seguía soplando, más un prístino recuerdo presentaba resistencia. Allí, rodando, con la tosquedad de una esquirla enlodada, de un témpano de plasticina que se cuaja ante los golpetazos inciertos de las manos de Hefestos, allí, frente a frente se encontraba Dorotea y su antítesis. Sus padres, profesores y amigos tarareaban un réquiem para ambos y sin embargo, solo la lluvia atestiguaba el encuentro de Dorotea y su tosco señor.

1 comentario:

unapau dijo...

mira...

no sé si eres tú, o es el hambre que me pone tonta y no me deja procesar lo que leo, pero no entendí =P

mñna te leo de nuevo, dp de almuerzo o alguna comida importante pa cachar q onda XD

BESOSOSO

HASTA MÑNA =)